Mensaje inaugural
Bienvenidos a la casa del cura. Una rectoría en una parroquia de pueblo, perdida por esos montes de Dios, todavía debatiéndose entre la edad de hierro y el siglo XXI. Antenas parabólicas y arados tirados con mula. En la Parroquia, una joyita románica, olvidada de los libros de arte, un archivo milagrosamente sobrevivido a la francesada, revoluciones y guerras, tallas barrocas y confesionarios polvorientos. Campanas que todavía repican cuando queremos sin que el Ayuntamiento nos imponga límites por contaminación acústica.
Y un cura, zurrado por los años, con heridas y cicatrices, pero contento de serlo. Con menos fogosidad que cuando comenzó, hace ya veinticinco años, pero no con menos ilusión.
En una casa cural, con frío de siglos, aliviado por una estufilla que me calienta los pies, me conecto desde esta ventana al mundo.
Simplemente para contar las cosas como las veo, sin ánimo de incordiar con prédicas inoportunas.
Mi jefe solía decir "el que tenga oídos para oír, que oiga". El que quiera leer, que lea. Que pase y entre a tomar un vasito de vino dulce con pastas de las monjas.
Bienvenidos